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La experiencia de un sobreviviente que colaboró con el Joint

Bernardo Hirsch
Sobreviviente

Un sobreviviente relata su experiencia personal con la organización que salvó a miles de judíos en los momentos más desesperados de su historia, gracias a la cual encontró su lugar en el mundo.

Los liberados del campo de Auschwitz-Birkenau festejan con sus libertadores.

El Comité Conjunto de Distribución (Joint), es una organización americana creada para ayudar a todo judío que lo necesite, sin importar el lugar del mundo en donde resida.

La ayuda que esta organización presta es de acción social y migratoria. Su sede central se encuentra en los Estados Unidos y desde allí, con los fondos que recauda, actúa cuando es requerida su ayuda en los cinco continentes.

Mi intención no es hacer un relato histórico y estadístico del Joint, sino relatar brevemente mi experiencia personal con la organización que salvó a miles de judíos en los momentos más desesperados de su historia.

Al finalizar la Segunda Guerra, al igual que muchos sobrevivientes, lo primero que quise hacer fue regresar a mi hogar para tratar de encontrar aquel pasado que las fauces de la bestia nazi habían devorado. Por supuesto, al llegar a Transilvania, mi tierra natal, no pude encontrar nada más que el dolor de la destrucción y la soledad de sentirse un paria sin hogar ni familia. Fue en esa época cuando tuve las primeras noticias de las actividades del Joint.

Mientras la “Sojnut” (Agencia Judía) se ocupaba de aquellos judíos que querían emigrar a Eretz Israel, el Joint tenía bajo su responsabilidad la migración de judíos a otras partes del mundo.

Mi intención era volver a Alemania y desde allí ver qué rumbo podía darle a mi vida. El viaje se debía hacer a través de Viena y, desde ese momento, la organización fue todo con lo que podía contar; se convirtió en el marco de contención ante la desesperación que sentía frente al drama de estar perdido en el mundo.

Al arribar a Viena, fuimos alojados en el Rotschild Hospital, siendo los gastos de hospedaje y manutención solventados por el Joint.

En esos momentos, Viena estaba dividida en cuatro secciones y el Rotschild Hospital se encontraba en la zona norteamericana.

Los rusos tenían bajo su jurisdicción toda la zona que rodeaba a Viena y a nuestra llegada se decretó la prohibición de la salida de trenes hacia Alemania, con lo cual, nuestra situación se vio empeorada. Así, Viena se fue poblando cada vez más de refugiados, sobre todo judíos provenientes de Polonia.

Los judíos polacos, al regresar a su tierra natal desde Siberia, trataron de recuperar infructuosamente sus propiedades y esto generó una reacción de los polacos que comenzaron a llevar adelante pogroms contra los judíos. Por eso, estos últimos toman la decisión de emigrar a Viena para luego dirigirse a Alemania.

De esta manera, el Rotschild Hospital se vio colmado y muchos debieron ser ubicados en casas de familia con la gestión del Joint.

A causa de esta situación extrema, las autoridades del Joint deciden crear un “paquete” experimental (grupo de judíos preferentemente jóvenes y sin familia), para huir clandestinamente de Viena burlando el control ruso.

El “paquete” fue organizado con voluntarios que viajarían en dos vagones antiguos que tenían muchas puertas y ventanas y que irían inmediatamente después de la locomotora. Las autoridades de la estación de trenes de Viena colaboraron con este plan. El grupo sería acompañado por madrijim (líderes) del Joint. Éstos iban munidos de documentos falsos que decían que el transporte era de judíos alemanes que regresaban a su país desde los países bálticos; estos documentos llevaban el sello de la Cruz Roja e iban acompañados de una botella de vodka.

El tren partió en el mes de octubre de 1945 con destino a Linz.

A mitad de camino, los “madrijim” nos dieron las instrucciones que debíamos seguir: al arribar al puente que delimitaba la zona rusa con la norteamericana, la locomotora y los dos primeros vagones pararían cruzando dicho puente, entonces, debíamos saltar de los vagones por puertas y ventanillas y correr hasta la jurisdicción norteamericana. En ese momento un silencio cargado de angustia y temor se apoderó del pasaje y casi no cruzamos palabra el resto del viaje.

Finalmente y luego de correr un riesgo enorme, la fuga terminó con éxito.

Fuimos recibidos por los oficiales del Joint, quienes nos ubicaron de inmediato y a los pocos días nos trasladaron a Salzburgo. Allí convocaron a los más jóvenes para cruzar la frontera en forma clandestina durante la noche.

A la madrugada, bajo el cobijo de la oscuridad, logramos cruzar el bosque y así, finalmente, llegamos a Alemania gracias a la intervención del Joint.

Una vez registrado en el campo de refugiados y obtenido mi documentación, viajé a Munich. Me presenté en el Joint de Munich en busca de trabajo; durante tres meses me entrenaron en leyes migratorias y me asignaron a un campo de sobrevivientes como representante de la organización.
Mi área de trabajo era la acción social y migraciones. Me pagaban veinticinco dólares al mes más hospedaje y un auto con chofer.

El Joint costeaba todos los gastos de la gente que emigraba a distintas partes del mundo, hasta que ésta llegaba a su destino.

Cuando decidí viajar a la Argentina, donde vivían dos hermanos míos, el Joint no sólo se hizo cargo de los gastos de viaje, sino también de mi estadía en Paraguay, ya que estaba prohibida la entrada de judíos a la Argentina durante el gobierno de Perón, y se debía ingresar clandestinamente desde el Paraguay a través de la selva misionera.

Sólo puedo expresar mi mayor agradecimiento a esta entidad que siempre ha estado allí donde los judíos del mundo la han necesitado.

* Bernardo Hirsch es autor del libro “Marcado de por vida”. Ed. Florida Blanca


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