Fundación Memoria del Holocausto
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Vivir en la sala de espera

Selección y traducción del alemán de:
Ana María Cartolano.

La difícil situación de los judíos exiliados en Shanghai durante la guerra, como recién llegados y luego en el ghetto.

Jóven chino delante de la chapa de un médico judío en Shanghai.

El 21 de agosto de 1947 hizo su entrada en la Estación Görlitz de Berlín un tren especial. Traía a bordo a los primeros 295 judíos alemanes que, después de un largo exilio, habían elegido volver a la patria en ruinas. Cuatro semanas antes habían embarcado en el transporte de tropas estadounidense Marine Linx en Shanghai. Antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, para muchos judíos alemanes y austríacos, la ciudad "sobre el mar" (ese es el significado de"Shanghai") representó la última posibilidad de salvación frente al terror nazi. Casi 18.000 emigrados tuvieron que renunciar a todo lo que poseían y resignarse a vivir en Shanghai en condiciones muy difíciles. Alojados en miserables barracas, muchos enfermaron de viruela, tifus y cólera. Pese a todo, a partir de modestísimos comienzos algunos lograron desarrollar una nueva infraestructura, abrir negocios y practicar el comercio: el sector de Shanghai donde predominaban los emigrados pronto fue conocido como "pequeño Berlín" o "pequeña Viena".

Para la mayoría de ellos lo más preocupante fue la incertidumbre acerca del futuro: la espera por una visa para trasladarse a otro país que ofreciera mejores oportunidades se extendió a lo largo de los años. Estar tan lejos no fue inconveniente para que los alcanzaran nuevos sufrimientos: las vicisitudes de la guerra del Pacífico empeoraron las difíciles condiciones de vida cuando fueron obligados a habitar en el ghetto establecido por las fuerzas japonesas de ocupación. Sólo después de la capitulación de Japón, el 14 de agosto de 1945, pudieron abandonar su encierro, su refugio provisional y finalmente trasladarse al país de su elección.

"¿Tengo que ir a Shanghai? ¿Qué hay en Shanghai?" Esta desesperada pregunta que el rabino berlinés Georg Kantorowsky se hizo a sí mismo después de su liberación del campo de concentración de Sachsenhausen en 1938 es la que compartió con muchos que como él tuvieron que abandonar la Alemania nazi, pero no con los llamados "prominentes", quienes, a pesar de las restricciones que la mayoría de los países habían establecido para el ingreso de emigrados judíos, todavía tenían la posibilidad de obtener una visa , por ejemplo para los Estados Unidos: el que emigró a Shanghai no tuvo, por regla general, ninguna elección. Allí residen quizás las causas de que en este caso, como en ningún otro, hubo un importante movimiento de regreso a Alemania. De cualquier modo, aún cuando los 18.000 fugitivos no vieron un futuro en Shanghai, estuvieron contentos de haber hallado asilo allí y de haber sobrevivido. Lo que uno de ellos expresó, más tarde, es válido para todos: "Shanghai fue para nosotros hambre y suciedad, miseria y enfermedad. Sin embargo, como habíamos huido del terror nazi, nos parecía un paraíso."

El viaje.
Quienes eran los emigrantes.

Debido a que los países democráticos como Estados Unidos, Gran Bretaña o Suiza habían adoptado de una forma u otra determinaciones restrictivas para la inmigración, a fines de 1938 no les quedaba a los refugiados judíos sino una chance para la huída: el puerto salvador de Shanghai. Para la entonces "ciudad abierta" de Shanghai los refugiados no necesitaban pasaportes, visas, permisos de residencia, habilitaciones laborales o comprobantes de capital. Tampoco hacía falta encontrar a alguien en el país de asilo que estuviera en condiciones de otorgar un "Affidavit"(2), de garantizar la subsistencia del que llegaba. Una vez que se lograba comprar un pasaje marítimo a China o un boleto para el ferrocarril transiberiano, bastaba un pasaporte que autorizara el cruce de la frontera alemana y una visa de tránsito válida.

En general, la gran mayoría de los refugiados no estuvieron suficientemente informados acerca de las circunstancias que les esperaban, ni preparados adecuadamente para ellas. Sólo a una minoría le fue posible hacer un breve aprendizaje de carácter práctico con la debida anticipación, capacitarse en alguna actividad profesional o adquirir útiles habilidades artesanales que ofrecieran perspectivas para un trabajo remunerado en el extranjero, y por lo tanto alguna seguridad acerca de la futura subsistencia. Quien tenía conocimientos de inglés, o podía adquirirlos rápidamente, tuvo mejores perspectivas de encontrar una ocupación a su llegada a la ciudad internacional de Shanghai cuya "lingua franca" era y es el inglés.

La mayoría de los refugiados de Alemania y Austria viajaron a Shanghai con los buques de la línea italiana Lloyd-Triestino: el Conte Rosso y el Conte Verde que salían de Trieste, y el Biancamano que partía de Génova. El itinerario pasaba por el Canal de Suez, Bombay, Singapur, Hongkong, y alcanzaba Shanghai después de un viaje de tres a cuatro semanas. También algunos barcos alemanes, como el Postdam, hicieron el viaje zarpando desde Bremen y siguiendo una ruta similar. Más tarde, como el gobierno alemán se negó a pagar la tasa del Canal de Suez, el camino se volvió más largo, ya que fue necesario rodear el Cabo de Buena Esperanza; el viaje duraba así casi dos meses.

La mayoría de los 18.000 a 20.000 refugiados que viajaron a Shanghai desde 1937 hasta 1941 provenían de Alemania, un cuarto de ellos de Austria, algo más de mil de Polonia, y algunos centenares de Italia, Suiza, Checoeslovaquia, Rumania y Hungría. La mayor parte de los exiliados de Alemania y Austria eran judíos asimilados, algunos estaban bautizados y los acompañaban sus cónyuges cristianos. Casi sin excepción pertenecían al estrato social medio y entre ellos estaban representados todos los grupos profesionales. La mayoría podían ser caracterizados como supercalificados en comparación con las posibilidades laborales que existían en la ciudad.(3)

A esto se sumaron otros aspectos desfavorables: el término medio de edad de los fugitivos era superior a los cuarenta años, en el momento de la huída estaban casi siempre completamente agobiados, tanto física como psíquicamente, y llegaban a un lugar donde desconocían la lengua y donde las condiciones de vida les resultaban completamente extrañas. Sobre todo los que habían sido liberados de los campos de concentración tuvieron que elaborar previamente los horrores y las traumáticas vivencias que habían debido soportar antes de poder desarrollar nuevas iniciativas y depositar nuevamente su confianza en el futuro.

Como dificultades adicionales se agregaron las condiciones climáticas de Shanghai: épocas de lluvias que se prolongaban durante varios meses, intensa humedad, temperaturas de hasta 43° Celsius en verano y nieve en invierno sin posibilidades de calefacción. Las corrientes de agua malolientes que atravesaban la ciudad a modo de cloacas ofrecían un espacio vital apto para la proliferación de ratas y mosquitos. Enfermedades tropicales como el tifus, la malaria o diversos tipos de diarreas, que difícilmente podían ser tratadas, cobraron numerosas víctimas entre aquellos que ya estaban previamente debilitados, en muchos casos por la pérdida de peso. De este modo, toda la atención de los exiliados estuvo dirigida en primer lugar a la cuestión de sobrevivir en condiciones tan adversas y en un medio experimentado como inhóspito y peligroso.

Los emigrados políticos Günter y Genia Nobel revelan otra característica de estos emigrados: "Eran casi exclusivamente pequeños burgueses, no les interesaba la política, no tenían relaciones con los movimientos obreros y sólo un pequeño número tenía una orientación progresista. El hecho de que hubieran perdido su posición social y sus recursos económicos no favoreció el desarrollo de ideas progresistas. Por el contrario, la lucha cada vez más dura por la existencia cotidiana, y por la existencia a secas, el miedo al hambre y a las enfermedades, provocaron la búsqueda de salidas puramente individuales. Sí, puede decirse que las posiciones antisocialistas y anticomunistas fueron predominantes. En un cierto grado también se desarrollaron tendencias sionistas."

La Guerra del Pacífico y el ghetto de Shanghai

El hecho de haber tenido que emigrar a un lugar remotísimo respecto de la Alemania nazi no pudo garantizar la ausencia de acciones antisemitas, que vinieron a sumarse a las innumerables dificultades que ya imponía la vida en ese medio. Las primeras señales de una modificación en la conducta observada hacia la comunidad judía de Shanghai aparecieron a mediados de 1942 bajo la forma de panfletos antisemitas y artículos periodísticos con el estilo y la jerga del Stürmer nacionalsocialista. En ellos se atribuía a los emigrados la culpa del mercado negro, la criminalidad y el espionaje. El aliado alemán, que había velado por publicaciones similares en Japón, se esforzó por consolidar y extender también en Shanghai el antisemitismo que, según un informe a Berlín del cónsul general Martin Fischer del 1 de enero de 1940, allí "todavía no había hecho su aparición".

Jóvenes talmudistas en Hongkew,1944.

La conducta de las fuerzas de ocupación japonesas con los judíos puede ser caracterizada de ambivalente. Igualmente ambivalente parece haber sido su posición con respecto al antisemitismo cuando el hombre de la Gestapo en Tokio, el coronel SS Josef Meisinger, viajó en 1942 a Shanghai, y en una negociación secreta intentó en vano convencer al representante japonés de la "necesidad" de implantar también en Shanghai la "solución final de la cuestión judía", decidida en febrero del mismo año en la Conferencia de Wannsee. Los japoneses no adhirieron a los planes de destrucción de los nacionalsocialistas y fue así como tampoco se concretaron los proyectos de construcción de un campo de concentración con crematorios, a orillas del río Whangpoo. En lugar de eso, el 18 de febrero de 1943, las autoridades militares japonesas proclamaron un "área determinada" en el distrito de Hongkew dentro de la cual debían permanecer en el futuro "todos los fugitivos apátridas llegados después de 1937". De este modo los japoneses establecieron el único ghetto judío no controlado por las fuerzas armadas alemanas. Después de haber huido al otro lado del mundo, los refugiados de Shanghai ya no estaban a salvo de la persecución nacionalsocialista. Alrededor de la mitad, es decir, todos aquellos que no vivían ya desde antes dentro del área demarcada, perdieron ahora y por segunda vez su existencia. Negocios, viviendas y bienes personales debieron ser vendidos otra vez a precios ínfimos.

El 17 de julio de 1945 tuvo lugar un ataque aéreo norteamericano a una estación de radio japonesa en Hongkew; algunos aviones erraron su objetivo y causaron 250 muertos y numerosos heridos entre chinos y emigrados del ghetto. La capitulación japonesa el 11 de agosto y la disolución del ghetto el 3 de septiembre no significaron el final de los problemas para los refugiados. Todavía habrían de transcurrir dos o tres años para que la mayoría pudiera acceder a una nueva emigración (a Estados Unidos, Israel, Australia o Europa) y para que la minoría, según su deseo, pudiera regresar a la patria. Casi nadie consideró la posibilidad de establecerse definitivamente en Shanghai, casi nadie creyó poder echar verdaderas raíces en ese lugar de destierro involuntario. La mayoría de los refugiados, aún después de muchos años en esa ciudad, seguían sintiéndose ajenos al medio. Su estadía allí había sido sólo una etapa de tránsito, una vida (que esperaban no fuera muy larga) en la sala de espera.

Cronología de los sucesos

1938: Después del pogrom de noviembre, y como consecuencia de éste, se organiza en Alemania una ola de emigración a Shanghai. Para socorrer a los refugiados que iban llegando se preparan campañas de socorro en las que, junto a las organizaciones comunales de ayuda surgidas inmediatamente, participan también el Joint y la HIAS. Se instrumentan numerosas residencias o asilos para más de 2.500 personas y fondos sociales para ayudar a los refugiados sin medios.

1939: Entre junio y agosto la emigración proveniente del área germanoparlante alcanza su punto máximo. En ese momento se encuentran en Shanghai alrededor de 14.000 refugiados alemanes y austríacos. La mayoría viven en el distrito de Hongkew, alrededor de 1.500 en el International Settlement y unos 4.000 en la French Concession. Los refugiados de Europa Central fundan la Jewish Community of Central European Jews (Jüdische Gemeinde der mitteleuropäischen Juden Shanghais).

1941: El total de los refugiados, a pesar de las crecientes dificultades, ha ascendido a 17.000. El 8 de diciembre de ese año, en el marco de la guerra del Pacífico, que corta la ruta marítima a Shanghai, el ejército japonés ocupa el International Settlement y la French Concession.

1943: Las fuerzas de ocupación japonesas anuncian el 18 de febrero el establecimiento de una "designated area" en el distrito de Hongkew para los refugiados sin nacionalidad. Los afectados (todos los que habían emigrado después de 1937) tendrían plazo hasta el 18 de mayo para trasladarse allí. Alrededor de 8.000 personas se ven obligadas a renunciar a sus viviendas situadas fuera del ghetto. Para abandonar la "designated area" es necesario un pase especial que debe ser solicitado en el Bureau for Stateless Refugees creado por las autoridades japonesas.

1945: El 17 de julio la aviación norteamericana bombardea el ghetto de Hongkew; como consecuencia numerosos refugiados resultan muertos y hay muchos heridos.
La capitulación de Japón el 11 de agosto termina con la situación bélica en territorio chino. El ghetto de Shanghai es oficialmente disuelto el 3 de septiembre.

Notas:
1- El título de este artículo es también el de la muestra que se exhibió en el Stadtmuseum de Berlín en 1997. A su vez, el título de la exposición está tomado del artículo editorial de un diario de los emigrados del año 1946; en él se describe la situación aparentemente sin salida de los fugitivos de Europa Central que vivían en Shanghai.
2- Declaración de garantía por un emigrado.
3-Hacia mediados de los años 30, muchos médicos judíos que habían sido despedidos de sus empleos en los hospitales del Reich alemán, y que habían tenido que renunciar, además, a su consultorio privado, encontraron en Shanghai y en otras ciudades de China condiciones apropiadas para el establecimiento de una nueva etapa de sus vidas. Para los que llegaron en 1937 o después de esa fecha esas condiciones habían empeorado drásticamente, y las posibilidades de hacerse cargo de una cátedra en alguna universidad fueron cada vez más reducidas. En ese sentido fue decisiva la intervención de la nacionalsocialista Asociación Alemana de Médicos, que temía la "judaización" de las universidades chinas e intentó hacer valer su influencia. De cualquier modo los médicos pertenecen a los pocos grupos profesionales que en Shanghai todavía pudieron desempeñarse en su campo de actividades.

 


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